jueves, 24 de noviembre de 2011

La despedida.

Dos jóvenes se conocieron una noche cercana a la primavera. Desde ese momento pasaron sus días a pura aventuras, nada de amor. Pero ese juego de seducción entre ellos, era fuego. Cuando sus cuerpos se unían, no hacían faltas las palabras, sus miradas eran cómplices. Parecía que se conocían hace años, pero no.
El joven empezó a estar distante, ella no entendía el motivo. Era todo tan confuso para ella que decidió decir adiós, sin consultárselo. Lo que le hacía tan bien ahora era lo que le producía tanto dolor.
Una noche próxima al verano ella lo llama, diciéndole que necesita verlo. Él acude a su pedido como lo hizo todo ese tiempo.
Ella eligió su perfume nuevo, su ropa más linda y salió hermosa a encontrarse con él.
Al verse todo era distinto, no pregunten por qué, pero apenas hablaron. Él notó su perfume nuevo. Sus piernas al aire fueron una tentación para él, que no pudo resistir acariciar. La abrazó y solo dijo: "Que rico perfume, estás hermosa". Ella solo lo miró sonriendo.
De ahí fueron al mismo lugar de siempre. Pero primero él hizo una escala, le compro un helado. Creo que fue una forma de querer empezar hablar, pero ni así lo hicieron.
Llegaron a ese lugar, las luces estaban todas prendidas. Él se encargo de que apenas quedara luz para poder observar su rostro y se acostó. Ella se posó sobre su pecho.
El silencio era terrible, hasta que la magia de sus labios se volvieron a juntar. Nuevamente no hicieron falta las palabras. Sus miradas lo decían absolutamente todo. Con la diferencia que ella había decidido que esa era la última vez que lo iba a ver.
Después de mucho tiempo él se durmió y ella se sentó en el sillón a observarlo. Sabía que era la última vez que podría ver su piel.
Llegando la madrugada lo despertó, lo abrazó y le dijo que lo quería, él contestó lo mismo.
Él la llevó a su casa, seguían sin hablar. El sol les pegaba fuerte en sus ojos y se escuchaba la radio muy baja de fondo, cuando empezó a sonar...






Ella subió la música, cantó mirándolo. Llegaron a su casa y ella lo seguía mirando, él estaba asustado. No lo había dicho, pero en su mirada lo trasmitía. Ahí ella con la voz triste le dice: "Nunca voy a poder olvidar, tus besos". Él la besó y no la quería dejar ir, ella le dijo que era lo mejor. Se bajó del auto sin mirar atrás, no quería recordarlo con la mirada triste.

No hay comentarios:

Publicar un comentario